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El futuro se decidirá en los próximos 10 años, por Gerd Leonhard

"Nos encontramos en un cruce de caminos y los próximos 10 años serán clave para definir el futuro".

Tags: 'Big Tech' 'Digital transformation' 'Human centered technology'

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Gerd Leonhard es un futurista y humanista que ha trabajado con empresas como Microsoft, NBC, Visa, Google, la Comisión Europea, Audi e IBM, entre otros.

Leonhard fue una de las primeras voces en hablar de los peligros de la no regulación de las grandes tecnológicas y de su crecimiento exponencial. Así mismo, es el autor del súperventas Tecnología versus Humanidad.

Gracias a su trabajo durante los últimos 20 años, Leonhard se ha convertido en un pensador de referencia en el área de la ética digital, la tecnología centrada en el ser humano y la necesidad de una nueva forma de capitalismo.

Algunos argumentan que el desarrollo tecnológico es como un proceso evolutivo en el que los humanos y la tecnología evolucionan de manera simbiótica, creando nuevas oportunidades y nuevos riesgos. Creamos tecnología, pero ¿cómo nos está recreando la tecnología a nosotros?

Hace 20 años la tecnología cambiaba nuestro comportamiento al permitirnos conducir un automóvil o hacer una llamada a través de Internet. Pero ahora la tecnología nos está cambiando a nosotros.

Al usar gafas de realidad aumentada, de realidad virtual o una interfaz cerebro-computadora, por ejemplo, la forma en que uno es, piensa, ve y oye las cosas cambia fundamentalmente. Otro ejemplo son las redes sociales, una tecnología tan poderosa que puede proporcionarnos información y cambiar la forma en que pensamos, reaccionamos, sentimos y narramos.

Además, la tecnología de próxima generación es capaz de conectar nuestro cerebro a interfaces de computadora o cambiar el genoma humano para que podamos evitar la diabetes. En 20 años a partir de ahora estaremos convergiendo con la tecnología porque la usaremos para mantenernos saludables, vivir más tiempo, ser más poderosos y volvernos sobrehumanos. Así pues, la tecnología ya no es algo externo a nosotros.

En una sociedad en la que las máquinas operan cada vez de manera más autónoma. ¿Cuánto control deberían tener los humanos sobre los sistemas digitales? ¿Cuál debería ser el papel de los humanos en la sociedad digital?

En realidad, los seres humanos no se parecen en nada a una computadora.

Una computadora puede mirar  Wikipedia y memorizarla en un minuto, pero carece de conocimiento no explícito. No tiene intuición, imaginación y, por supuesto, conciencia. La famosa paradoja de Moravec dice que todo lo que es fácil para los humanos es difícil para las computadoras y viceversa.

Y eso será cierto probablemente durante al menos 20 años, tal vez 30 años, hasta que las computadoras alcancen, en teoría, la capacidad del cerebro humano. Sin embargo, muchos psicólogos señalan que no sólo pensamos con el cerebro, sino también con el cuerpo. Y la inteligencia humana tiene muchas piezas diferentes.

Siempre digo que cuanto más nos conectamos con la tecnología, más debemos proteger lo que nos hace humanos, porque lo que nos hace humanos no es la tecnología. Es compromiso, son relaciones, experiencias. Son todas las cosas únicas.

Les hemos dado demasiado control a las máquinas y les hemos dado control sobre los medios. Por ello, cuando vamos a Facebook y las redes sociales, es la máquina la que nos dice qué es importante, no una persona. Y nos dice qué es importante porque si hacemos clic en un anuncio, nos volvemos valiosos para ella.

¿Son los ingenieros quienes están dando forma a nuevos modelos sociales? ¿Tienen legisladores, reguladores y la sociedad en general dificultades para estar al día?

Silicon Valley y China han dicho que cada problema humano tiene una respuesta tecnológica. Y eso simplemente no es cierto. Los problemas reales de la humanidad, como la igualdad, la felicidad, la autorrealización, todas las cosas por las que estamos luchando, están relacionadas con la política y la toma de decisiones políticas.
Y creo que, en los últimos 10 años, la tecnología ha pasado de ser una herramienta con la que hacemos el trabajo a un propósito en sí mismo. Incluso podríamos decir que la tecnología se ha convertido en una especie de droga o religión, y creo que esto está mal porque reemplaza nuestro propio pensamiento y se vuelve demasiado poderoso para controlarlo.

Tenemos que devolver el control a los humanos para averiguar, por ejemplo, qué hacer con las redes sociales, etc.
En 10 años la tecnología será virtualmente ilimitada y muy poderosa. Entonces tenemos que establecer los límites, las reglas y la ética. Y ese es el proceso en el que estamos inmersos.

Un miembro de la Junta Directiva de Greenpeace International nos decía en una entrevista que existe una falta de principios morales y que estamos teniendo problemas para reemplazar la religión como una brújula moral. Ante la falta de principios, ¿qué impulsa el desarrollo en la sociedad digital?

El Dalai Lama dijo que la ética es más importante que la religión. La religión es una parte de la ética humana en general.

Lo que realmente necesitamos ahora es definir la comprensión más básica de lo que significa ser humano. Y esa comprensión básica incluye aspectos como la felicidad y la autorrealización, pero también cosas aún más básicas como no matarse unos a otros, el derecho a hacer las cosas que queremos hacer, el libre albedrío, etc.

Necesitamos idear un sistema basado en reglas que defina la tecnología. Por ejemplo, como señalo en Tecnología versus Humanidad, necesitamos una regulación que promueva el derecho a la privacidad, el derecho al olvido, el derecho a desconectarse y el derecho a no conectarse, el derecho a todas esas cosas que lentamente han ido desapareciendo con la tecnología.

Creo que lo más complicado es que todo el mundo esté de acuerdo; de acuerdo con la Unión Europea según la cual la publicidad y la búsqueda en Internet deberían basarse en un sistema en el que hubiera que aceptar voluntariamente dar los datos, y no un sistema en los que se extraen por defecto y hay que rechazar dicha política de datos para que no suceda.


Deberíamos tener más control y deberíamos obtener algo a cambio de nuestra participación.

¿Estamos dando prioridad al progreso económico y los beneficios sobre los valores humanos fundamentales?

Bueno, por supuesto, y este es claramente nuestro mayor error: ¿cómo se puede vivir en un mundo que tiene un gran desarrollo económico y progreso en términos financieros y cada vez más gente rica, pero donde todo está polarizado?

Hoy en día las cuatro mil quinientos millones de personas más pobres tienen menos dinero que los 100 mayores multimillonarios. Esto no tiene visos de cambiar pronto y la tecnología lo está acentuando.

La crisis de la Covid19 nos ha demostrado que no importa si eres rico porque los problemas del mundo como las pandemias, el cambio climático y otros afectan absolutamente a todos, excepto tal vez al 0,0001, los que pueden vivir en la estación espacial.

Necesitamos un pensamiento enfocado en las personas, el planeta, el propósito y la prosperidad. Si no, no tiene sentido cambiar nada.

La experiencia nos dice que cuando se da un mercado de productos y servicios digitales totalmente libre, sin intervención del gobierno, rápidamente el ganador se lo lleva todo. ¿Es necesaria la intervención en el mercado digital no solo para que prevalezca el orden económico, sino también el orden social?

Creo que, en lo que respecta a la intervención, nunca es cuestión de un sí o un no absolutos.

Hemos visto que el mercado libre no funciona cuando se trata del cambio climático porque no hay motivación para avanzar en cosas que no generan dinero. En ese caso necesitamos intervención.

La tecnología funcionaba como un mercado libre cuando comenzaba a desarrollarse, pero ahora este mercado libre es mucho más poderoso que el petróleo, el gas, los bancos y todo los demás. Las cien empresas más importantes del mundo son prácticamente todas empresas de tecnología, por lo que, llegados a este punto, la intervención tiene sentido.

La intervención consiste en detectar el punto en el que se ha ido demasiado lejos y equilibrarlo. Un mercado libre no siempre conduce a una buena sociedad como es ciertamente el caso de un capitalismo completamente libre como el de Estados Unidos, que provoca una enorme polarización. Lo realmente importante es el equilibrio entre el poder de la ciencia, la tecnología y los negocios, y las necesidades humanas y de la sociedad.

¿Qué importancia tiene el momento de la historia en el que nos encontramos?

Estamos en un cruce de caminos y los próximos 10 años serán cruciales para decidir cómo podría ser el futuro. El cielo o el infierno.

Por ejemplo, queremos que el ADN de todas las personas esté en la nube para poder combatir el cáncer. Pero si mi ADN está en la nube, entonces necesitamos salvaguardas para nuestra identidad y los derechos para preservarla y controlarla. Y si podemos resolver el cáncer, ¿podremos utilizar también la ingeniería genética para crear superhumanos? En ese caso, ¿quién decide sobre esto?

Al final, todo se reduce a una cosa. Tenemos la tecnología, pero ¿tendremos la voluntad? Y ésa es realmente la pregunta fundamental que creo que todas las empresas y gobiernos deben hacerse.