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El camino de Europa hacia la transición digital sostenible. Con Christoph Steck

Entrevista con Christoph Steck, Director de Políticas Públicas e Internet en Telefónica y miembro de la comisión de trabajo de Gobernanza en Internet de la Asociación Europea de Operadores de Redes.

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Christoph Steck es el Director de Políticas Públicas e Internet de Telefónica. En su rol, controla la estrategia y la gestión del trabajo global de las políticas públicas de Telefónica. Timonea su defensa y define su posición en la gobernanza y en las políticas de internet que dan forma a la economía digital. Steck es, además, miembro de la comisión de trabajo de Gobernanza en internet de la Asociación Europea de Operadores de Redes, vicepresidente de la comisión de Economía Digital de la Cámara de Comercio Internacional y Vicepresidente del Comité de Economía Digital de Business-at-OECD (BIAC).

¿Estamos ante a una emergencia digital? ¿Cuáles son los retos principales a los que nos enfrentamos en Europa?

Creo que, en general, es bueno que estemos utilizando la tecnología y la digitalización para mejorar nuestras vidas. El problema, quizás, sea que las cosas se están moviendo muy rápido. Los avances tecnológicos se están sucediendo más y más deprisa y la pandemia sólo ha acelerado esto. Hemos visto, desde el lado de Telefónica, cómo las pequeñas empresas o, en general, todas las empresas han intentado digitalizar sus servicios. Están trabajando en semanas lo que tal vez no hubieran hecho en años. Y eso crea, por supuesto, ya sabes, incertidumbres en el lado de las personas y también muchos problemas, porque nuestros marcos regulatorios y políticas no avanzan al mismo ritmo.

La emergencia es que nos tenemos que adaptar a este tipo de mundo que se mueve rápido y que estará mucho más digitalizado.

¿Qué rol ha tenido Telefónica en la pandemia y qué lecciones clave se pueden aprender de la crisis?

Imagina por un segundo que nos hubiera pasado esta pandemia hace 20 años sin uso de internet a una escala masiva, sin las posibilidades del teletrabajo, o, por lo menos, para aquellas personas que podían trabajar desde casa, sin la posibilidad de hacer clases online, de entretenimiento conectado, e-commerce, todo eso.

Nuestras vidas, especialmente en la fase de confinamiento, han dependido totalmente de la conectividad. En Telefónica hemos hecho lo que teníamos que hacer: que las conexiones estuvieran a la altura. Hemos dado las gracias a que planeamos redes resilientes que pudieran aguantarlo. También hemos hecho mucho por ayudar a mantener la anonimidad de los datos y en asistir a los gobiernos en controlar la pandemia; a constatar si las medidas que tomaban eran efectivas.

¿Qué políticas públicas necesitamos para asegurar una transformación digital que mejore nuestras vidas, dejando a nadie atrás, y qué herramientas se pueden utilizar para ayudar a poner a las personas en el centro de las decisiones públicas mientras avanzamos?

Hemos pedido lo que nosotros llamamos un “nuevo pacto digital”. La idea detrás es que tenemos que aprovechar este momento de crisis en el que hemos, hasta cierto punto, aprendido que las cosas no continuarán como hasta ahora, y utilizarlo como una oportunidad para enderezar el rumbo.

Hablamos de “transiciones gemelas”. Lo llamamos la transición digital y verde. Y desde nuestro punto de vista, están muy vinculados porque sentimos que para ser más ecológicos y poder luchar contra el cambio climático, tendremos que utilizar mucha tecnología. No ocurrirá sin tecnología. Y la conectividad y otras soluciones ayudarán a llegar ahí. Así que hay que ver estas dos transformaciones unidas.

La segunda cosa es, por supuesto, ¿qué debemos hacer para no dejar a nadie atrás? Quiero decir, no es solo hacer una cosa; es hacer muchas cosas a la vez, lo que lo convierte en complejo. Empieza por conectar a todo el mundo. No olvidemos que en España, por ejemplo, la conectividad es muy buena. Es decir, somos uno de los líderes mundiales en conectividad, pero hay otros países que no están ahí.

Si tuviéramos que incidir en una cosa sería en la educación, porque lo que vemos son asimetrías e injusticias en la sociedad. Pero también nos encontramos con el problema de la digitalización de la administración pública. Hemos visto durante la pandemia que algunas áreas no tenían suficiente conocimiento o habilidades para lidiar con la que venía encima.

Más allá del acceso, ¿qué estrategias está implementando el sector privado para reducir la división digital?

La cooperación entre lo público y lo privado necesita mejorar. No creo que lo privado o lo público puedan solucionar el asunto solos. Tendremos que trabajar juntos. Pero, al mismo tiempo, creo que el sector privado puede jugar y tiene que jugar un rol primordial en trabajar junto con lo público para crear un ecosistema seguro para todos.

Al final, tenemos un interés común, es uno de los mensajes clave que no deberíamos olvidar. Los gobiernos tienen un interés en digitalizar de manera sostenible. Las empresas tienen el mismo interés exactamente. Tenemos la necesidad de un internet seguro.

Tenemos que juntarnos para trabajar en maneras diferentes y olvidarnos sobre la vieja distinción y la separación entre lo público y lo privado. Tenemos que juntarnos más, discutir más, y por eso Digital Future Society es una gran iniciativa.

¿Cómo cambiará el uso del Big Data la manera en que se hacen las decisiones públicas y cómo de importante es un marco ético de extracción de datos y uso?

Antes de nada, sería útil que las administraciones comprendieran que hay big data disponible y que pueden usarlo para tomar mejores decisiones. Creo que existe una situación desafortunada que hace que la administración piense que utilizar datos es malo y creo que la respuesta a esto es que deberían y tienen que utilizar los datos de la manera correcta. No hay ciudad inteligente sin uso de Big Data. Lo que hay que hacer de manera importante es regular para que no se infrinja la privacidad de las personas. Y creo que, así, la administración debería utilizarlo para ser más eficiente en el servicio al ciudadano.

¿Cuál es tu opinión sobre el debate actual acerca del risk-based approach a la Inteligencia Artificial?

Creo que la IA es un buen ejemplo de cómo una tecnología muy revolucionaria, una tecnología disruptiva, se ha usado, hasta ahora, de manera responsable en el mundo Occidental. Hemos visto a negocios desenvolverse con IA, han entendido desde el principio que no es simplemente otra tecnología más y lo han usado mejor.

Telefónica es un ejemplo. Al principio ya instauramos normas para ver cómo utilizamos la IA; ahora hay checks y consultorías internas para asegurarnos de que la seguimos usando de manera adecuada y no errónea.

Cuando hablamos de risk-based approach y las propuestas de la Unión Europea, estamos hablando de regulación. Esto no es auto-regulación. Eso es regulación. Es básicamente montar un sistema de supervisión desde las autoridades públicas sobre los sistemas de IA. Y creo que es lógico. Es bueno tener un risk-based approach. Es normal que tengamos algún tipo de supervisión de las autoridades públicas en el uso de una tecnología así.

¿Por qué es tan importante que Europa se convierta en una superpotencia tecnológica de derecho propio? ¿Qué están haciendo los responsables políticos europeos para garantizar que no se queda atrás?

Bien, creo que una manera de explicarlo es que si quieres defender tus derechos, también tienes que pensar en el valor económico que generas. Muchas de estas corrientes tecnológicas y concursos tienen lugar entre grandes compañías; entre grandes industrias. En la actualidad, eso ocurre entre el sistema norteamericano y el chino: las grandes compañías tecnológicas están concentradas y establecidas en estos dos países.

¿Tendría Europa que preguntarse si es suficiente con regular?

El continente tiene un gran poder porque su mercado es uno de los más grandes del mundo. Genera una gran atracción de compañías internacionales y tiene que seguir sus normas. Pero tenemos que pensar a largo plazo sobre cuál es el valor que podemos ofrecer de cara al futuro. Somos un continente que no puede convertirse en un museo. Tenemos que defender nuestra ideas construyendo este tipo de industrias; convirtiéndonos en líder de algunas tecnologías y un referente para el mundo creando un tipo de tecnología centrada en el ser humano. Y aquí es donde creo que Europa no lo está haciendo tan bien.

Creo que hemos sido testigos de los primeros pasos en esta dirección con los últimos programas de la Unión Europa, diseñados para ayudarnos a salir de la crisis después de la pandemia invirtiendo en tecnologías que contribuyen a que seamos más sostenibles y digitales. Pero el big data y la computación cuántica son las grandes tecnologías del futuro. Y Europa necesita estar ahí. No es suficiente ser árbitro entre los dos equipos del campo, porque el árbitro nunca gana la partida.

Ya hemos sido testigos del intento del gobierno de los Estados Unidos para separar a Facebook y al acto de Mercados Digitales Europeos, entre otros, para conseguir control sobre el poder de las grandes tecnologías. ¿Cómo crees que evolucionará este reto en los próximos años?

Creo que, al fin y al cabo, estas son las compañías en las que necesitamos encontrar una relación justa y equilibrada. Tenemos que crear capacidad por parte de los reguladores para poder supervisar. Quiero decir, el uso de una red social es gratuito. Tú no pagas. Por tanto, al final quien paga son los datos, o como dice la gente, tú te conviertes en el producto. Este es un debate muy técnico. El uso de los datos, no como un derecho sino como un valor, no ha sido incorporado de ninguna manera a una política de competencia o a estrategias reguladoras, y eso es un error. Creo que, en este sentido, las autoridades se han dormido, tanto los reguladores como los políticos. No han reaccionado a la disrupción. No han entendido de manera suficientemente rápida qué pasaba en el mundo. Tenemos falta de conocimiento en el sector público y conocimiento experto en el sector privado.

Necesitamos equilibrarlo, investigar más, intentar entender mejor qué está ocurriendo y después plantear buenos modelos. Europa se está posicionando como líder mundial y, sinceramente, espero que se nos puedan ocurrir buenas soluciones porque seguro que se copiaran en el resto del mundo.

¿Tienes esperanza de que podremos utilizar este momento de cambio masivo para pensar, en común, sobre el tipo de futuro en el que queremos vivir?

Las empresas están cada vez más abiertas a escuchar a la gente, a los mediadores, a entender qué ocurre en la sociedad y ser parte del desarrollo. Hay una decidida apuesta por ser un buen ciudadano corporativo y para mejorar el mundo, no hacerlo más complejo o peor. Ya no se enfocan en hacer más dinero y solo eso.

¿Cómo de importante es que organizaciones como DFS aseguren un diálogo productivo entre legisladores, organizaciones y ciudadanos?

Creo que DFS es un gran ejemplo de cómo las personas se pueden unir, cómo las instituciones de diferentes niveles pueden colaborar para crear espacios de debate, y no sólo de eso, sino también para solucionar problemas. Necesitamos soluciones.

Necesitamos experimentar más, testear más, discutir las cosas y así conseguiremos salir de esta de buena manera.