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Dr. Mariagrazia Squicciarin, Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación (STI) de la OECD

"[...]Son las economías con mayor igualdad de género donde hay menos mujeres licenciadas en carreras STEM".

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Mariagrazia Squicciarini es doctora en económicas y jefe de unidad en la Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación (STI) de la OECD. Es responsable del Grupo de Trabajo para el Análisis de la Industria (WPIA), que estudia y analiza variables de crecimiento y productividad, los Derechos de la Propiedad Intelectual (IPR), las cadenas globales de valor, el empleo y las aptitudes laborales en la transformación digital así como la brecha digital de género.

¿En qué consiste su trabajo?

Como economista senior y Jefe de Unidad de la Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, lidero un equipo de unos 10 analistas. Principalmente diseño, desarrollo y superviso la implementación de análisis cuantitativo dirigido a respaldar la toma de medidas políticas y a difundir los resultados de dichos análisis. Mi trabajo cubre un amplio abanico de temas:

  • Los determinantes para la innovación y el rendimiento económicos de industrias y empresas.
    El papel del capital humano y el capital basado en conocimiento que marcan la innovación y el rendimiento económicos.
  • Los Derechos de Propiedad Intelectual, su medición, y su papel como herramientas de políticas de innovación.
  • La transformación digital de empresas e industrias.
  • Las dinámicas del mercado de trabajo y la demanda y oferta de trabajadores capacitados para la transformación industrial.
  • El papel de la capacitación en la construcción de cadenas de valor global y en la organización de la producción en todo el mundo.
  • La brecha digital de género.
  • La inteligencia artificial, concretamente su medición y las aptitudes necesarias para su desarrollo y adopción.

También soy responsable del Grupo de Trabajo para el Análisis de la Industria, que reúne a expertos de los países miembros de la OECD para producir informes relevantes para la toma de decisiones políticas sobre los temas arriba mencionados. Además, dirijo el grupo de trabajo de información y análisis sobre Propiedad Intelectual y superviso la iniciativa STI Microdata Lab, un proyecto de información basada en microdatos para el diseño de medidas políticas.

Finalmente, presido IP Taskforce, un proyecto de la OECD que coordina el trabajo estadístico y metodológico de la OECD en el campo de la Propieda Intelectual.

¿Qué entendemos por brecha digital de género?

El término ‘brecha digital de género’ se utiliza frecuentemente para referirse a las diferencias de género en cuestión de medios y capacidades para acceder y utilizar de forma efectiva las TIC [tecnologías de la información y la comunicación] en y entre países, regiones, sectores y grupos socio-económicos.

Esto es: los hombres y las mujeres no son iguales en lo referente al acceso a las tecnologías digitales como los móviles e internet, ni en términos del conocimiento necesario para utilizarlas.

Las mujeres siguen sin poder permitirse la compra de herramientas digitales, contribuyen de forma limitada a la innovación (sobre todo y especialmente en el espacio digital) y les resulta complicado ser emprendedoras, sobre todo en el campo de la tecnología. Estos son sólo algunos de los ejemplos de la brecha digital de género.

¿Va en aumento o disminuye?

La baja presencia de mujeres en carreras y estudios que les permitirían desenvolverse con pericia en el mundo digital (las STEM, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como las TICs), junto con el uso limitado de las herramientas tecnológicas y su relativa escasa presencia en plataformas -por ejemplo de negocio- sugieren que la brecha aumentará, sobre todo en esas áreas en las que están más desaventajadas.

Si a ello añadimos que las mujeres reciben comparativamente menos financiación para sus proyectos de innovación y que a menudo su carrera profesional se ve frenada por el ‘techo de cristal’, el panorama está lejos de ser positivo.

La brecha digital de género es evidente sobre todo en los servicios de banca online y en la participación de las mujeres en el desarrollo de algoritmos: ellas usan y desarrollan menos aplicaciones de software. Esto es especialmente preocupante pues significa que las mujeres no están contribuyendo como deberían a la construcción de las herramientas digitales y de un futuro digital que tenga en cuenta sus deseos y las necesidades.

¿Cuáles son sus causas?

Las causas están fuertemente enraizadas en la sociedad y a menudo relacionadas entre sí. Estas son algunas de las más importantes:

  • Obstáculos para el acceso a las TIC (como visto más arriba).
  • Capacidad financiera y humana para comprar y operar las tecnologías digitales. Esto incluye el tiempo necesario para aprender a usarlas: las mujeres son más pobres en tiempo, sobre todo por el trabajo no pagado en el hogar y el cuidado de dependientes.
  • La falta de educación, habilidades y formación en el terreno digital y tecnológico.
  • La ‘pobreza de tiempo’ que impide estudiar y adquirir las aptitudes necesarias o incluso acceder al mercado laboral. Las mujeres dedican 2,6 veces más tiempo que los hombres al cuidado de personas y al trabajo doméstico no pagado, lo cual restringe el tiempo que pueden dedicar al trabajo remunerado o a mejorar sus aptitudes profesionales.
  • La preocupación por su seguridad (sobre todo en relación a la violencia online) que lleva a un menor uso de las tecnologías digitales. El cyber-bullying, los estereotipos de género y el acoso online hacen que las mujeres no se sientan cómodas siendo protagonistas online.
  • Los sesgos de género inherentes y las normas socio-culturales. Éstos están fuertemente arraigados en la sociedad y alimentan la brecha de género. Incluso en la era digital, los libros de texto siguen siendo el medio fundamental para enseñar en clase y aunque podrían promover actitudes igualitarias, con frecuencia siguen transmitiendo normas y prácticas discriminatorias en cuestión de género.

Según un informe de UNESCO, en los países con mayores índices de igualdad de género como los europeos las mujeres están menos presentes en carreras y estudios tecnológicos. En Bélgica sólo un 6% de las licenciadas en TICs son mujeres, mientras que en los Emiratos Árabes Unidos esta cifra es del 58%. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Información reciente sobre la paradoja de igualdad de género sugiere que son justamente las economías con mayor igualdad de género (según el Global Gender Equality Index) donde hay menos mujeres licenciadas en carreras STEM.

Así era al menos en los países con las economías más fuertes de los 67 que participaron en el Informe Pisa 2015. En los países de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico) sólo un 27% de los licenciados en carreras STEM son mujeres.

Se ha argumentado que dicha paradoja y la escasez de mujeres preparándose para trabajar en sectores de STEM y formándose para adquirir aptitudes digitales avanzadas refleja diferencias complejas e interconectadas entre hombres y mujeres en sus aptitudes en diferentes campos, sus actitudes y percepción de sí mismos, así como los efectos de selección (por ejemplo, la proporción puede ser más alta cuando el número total de licenciados es menor).

¿Qué medidas políticas deberían tomarse para abordar este problema?

En los dos informes de referencia que hemos publicado recientemente [OECD (2018) “Bridging the digital gender divide: Include, upskill innovate” y OECD (2020) “The role of education and skills in bridging the digital gender divide – evidence from APEC economies” ] recalcamos una serie de medidas y la necesidad de un abordaje sistémico del problema.

Una acción política coordinada puede reducir la brecha digital de género. Esto requiere concienciar y abordar los estereotipos de género, facilitar el acceso a las herramientas digitales tanto en precio como en seguridad en su uso y una mayor cooperación entre los diferentes actores implicados para eliminar barreras para la total participación de las mujeres y niñas en el mundo digital.

Las tecnologías digitales ofrecen nuevas oportunidades para progresar, pero los parches tecnológicos no pueden solucionar los problemas estructurales subyacentes que causan la brecha digital de género.

Hacen falta medidas políticas concretas para fomentar la participación de mujeres y niñas así como su inclusión en la economía digital, mientras se abordan el problema de los estereotipos y las normas sociales que llevan a la discriminación de las mujeres.

Para ello, hay tres palabras clave: incluir, formar e innovar.

¿Está haciendo la industria tecnológica suficientes esfuerzos para reducir la brecha?

Se puede y debe hacer más, sobre todo para romper el techo de cristal y acabar con la brecha salarial, entre otras cosas.

Indicadores experimentales que utilizan información sobre ‘R’, uno de los lenguajes de programación de código abierto más populares, muestran que un 77% de los 12.000 paquetes de software basados en R creados entre 2012 y 2017 fueron producidos por equipos de sólo hombres.

Las mujeres representaban sólo el 6% de dichos paquetes, mientras que el restante 17% provenía de equipos mixtos. Esto muestra que las mujeres no están contribuyendo lo suficiente para crear el futuro que quieren.

En relación a las patentes en innovación, por ejemplo, vemos que en 2014 sólo un 8,4% de las innovaciones de las economías G20 corresponde a mujeres, mientras que en 1994 fue de un 5,6%.

Por otro lado, los inventos de equipos 100% femeninos representaron únicamente el 4% de las patentes en 2010-15, frente a un 3% de 2000 a 2005. Si seguimos así, será necesario medio siglo para lograr la igualdad en este campo.

¿Cómo puede contribuir la transformación digital a la igualdad de género?

La transformación digital proporciona nuevas vías para otorgar poder económico a las mujeres y puede ser un factor importante para conseguir una mayor igualdad de género. Internet, las plataformas digitales, los teléfonos móviles y los servicios financieros digitales, entre otras cosas, ofrecen oportunidades de avance para todos y pueden ayudar a reducir la brecha dando a las mujeres la posibilidad de ganar ingresos adicionales, aumentar la oportunidad de encontrar empleo, ampliar sus redes de contactos, conectar con otros y, de manera más general, acceder a conocimiento e información útiles. La transformación digital otorga la muy necesaria flexibilidad laboral a las mujeres y podría ayudar a abordar y eliminar estereotipos y sesgos socio-económicos si se usa bien.

¿Cómo puede repercutir la reducción de la brecha digital en la sociedad en conjunto?

La igualdad de género no es sólo un derecho humano fundamental, sino también un pilar para una economía próspera y moderna que proporcione un crecimiento sostenible e inclusivo. Admitirlo es clave. El precio de no hacer nada es alto, más en una situación de crecimiento lento y envejecimiento de las sociedades, y esto hace aún más patente la importancia a nivel económico de la mayor alfabetización de las mujeres.

Tener ingresos extra, más oportunidades laborales y acceso al conocimiento y la información en general, entre otros, beneficia no sólo a las mujeres sino a sus familias, mejorando así la vida y el bienestar de la sociedad en su conjunto. Una mayor inclusión de la mujer en el campo de la investigación y los inventos no es sólo bueno para las mujeres sino para el crecimiento económico y el bienestar social.

Los inventos que surgen de equipos mixtos o 100% femeninos parecen tener mayor repercusión (y por lo tanto más valor económico) e impacto tecnológico que aquellos en los que trabajan sólo hombres.