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Tecnología, educación y autocontrol, por Cristóbal Cobo, Banco Mundial.

"Es al interactuar con otros cuando los niños aprenden que tienen que auto regular sus emociones, ideas y deseos para poder coexistir en sociedad"." 

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Cristóbal Cobo (Santiago de Chile, 19 de marzo de 1976) es Especialista Senior en Educación en el Banco Mundial. Forma parte del equipo de Tecnología Global para la Educación que facilita asistencia técnica a países para lograr una educación de mejor calidad y más equitativa, así como soluciones para integrar la tecnología en la educación de manera innovadora y efectiva. "El futuro de la educación", afirma, "ya está aquí (pero mal repartido)".

Cobo lleva años trabajando en la intersección entre el futuro del aprendizaje, la cultura de la innovación y la tecnología centrada en las personas, lo que le ha llevado a publicar varios libros. "Acepto las Condiciones: Usos y Abusos de las Tecnologías Digitales" es el último de ellos.

Es, además, y entre otros, investigador asociado del Centre on Skills, Knowledge and Organisational Performance de la Universidad de Oxford.

¿Puede la tecnología por si sola transformar cómo enseñamos y aprendemos?

Las EdTech (tecnologías para la educación) se pueden utilizar para reforzar diferentes formas de aprendizaje. A día de hoy, por ejemplo, los estudiantes pueden aprender a distancia desde casa durante el cierre de las escuelas. Es importante, sin embargo, que la implementación de la tecnología para la educación se despliegue de manera que beneficie a todos los niños. Esto significa usar tecnología que ya existe o cuyo uso está extendido, considerando también la baja tecnología (por ejemplo, radio y televisión) y combinando tecnologías para la comunicación multimodal, como la radio con mensajes de texto.

Bien integrada, la tecnología puede facilitar el acceso de los maestros al contenido y a la información mejorando así la enseñanza y el aprendizaje. Sin embargo, no es suficiente para transformarlos.

Es necesaria una estrategia humana y técnica integral para realizar una integración de la tecnología de la educación de calidad. Esto significa reunir a compañías de telecomunicaciones, editores, nuevas empresas EdTech, operadores de radio / TV, así como educadores, investigadores y legisladores, entre otros. Se hacen necesarios sistemas efectivos de gestión educativa para comprender quién necesita apoyo y de qué tipo.

Según Sir Ken Robinson, el sistema educativo ha propiciado un concepto de la inteligencia que la equipara con conocimientos académicos, y los conocimientos académicos encajan con las necesidades de la revolución industrial. También apela a un sistema donde bailar sea tan importante como las matemáticas. ¿Cuál es su opinión sobre esto? ¿Qué tipo de inteligencia es la que deberíamos de fomentar ahora?

No sorprende que muchos sistemas educativos enfaticen la importancia de desarrollar las capacidades STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) dado que vivimos en un mundo fuertemente influenciado por los avances tecnológicos y las innovaciones científicas. Al mismo tiempo, escuchamos cada vez más que las habilidades sociales y emocionales son fundamentales. ¿En qué deberían centrarse los países? Lo cierto es que ambos enfoques son importantes y no mutuamente excluyentes.

Mucho de lo que aprendemos durante la educación formal, lo desaprenderemos y lo volveremos a aprender varias veces a lo largo de nuestra vida. De ahí que tanto la flexibilidad como la curiosidad sean aspectos críticos para fomentar el desarrollo de la inteligencia.

Además de flexibilidad y curiosidad, necesitamos desarrollar una inteligencia capaz de manejar la complejidad y, en muchos casos, la contradicción.

Creo que una persona curiosa y empática capaz de atar cabos está mucho más capacitada para seguir aprendiendo y adaptarse a un mundo en constante cambio que alguien a quien le cuesta trabajar en equipo, o que solo es capaz de memorizar grandes volúmenes de información pero lucha por empatizar con las personas.

¿Cómo afecta la tecnología a la capacidad creativa y de atención de los niños?

Creo que la tecnología por sí sola, sin unas directrices y apoyo externo no contribuye en demasía a la creatividad. Cuando la tecnología se vuelve «invisible» y el centro es la actividad cognitiva (por ejemplo la curiosidad, experimentación y colaboración), entonces aumentan las oportunidades para un trabajo creativo.

Algo similar sucede con la atención. Necesitamos aprender a entrenar y administrar nuestra atención en un mundo lleno de información. ¿Cómo te auto regulas? ¿Cómo decidimos exactamente a qué prestar atención y qué ignorar? ¿Cómo evitar las distracciones mientras aprendemos? Éste es el tipo de preguntas que debemos plantear cuando hablamos de tecnología.

Los expertos desaconsejan la televisión y otras pantallas vehementemente antes de los 18 meses de edad. ¿Por qué?

Sí, hay orientación al respecto [American Psicological Association: What do we really know about kids and screens?].

Hoy en día expertos e investigadores demuestran que no es la exposición a las pantallas sino la calidad de la exposición lo que marca la diferencia. Por ello lo trascendental es el nivel de responsabilidad asumido por los maestros, los padres y los cuidadores cuando los niños están frente a una pantalla.

Lo que estimula a nivel cognitivo es que los adultos usen la tecnología con los niños o jueguen e interactúen con ellos y hablen sobre sus aprendizajes y experiencias usándola. A fin de cuentas, la tecnología es sólo una herramienta para fomentar un mejor aprendizaje. La clave será cómo integrar la exposición a la red en un proceso más amplio de desarrollo y estimulación.

¿Qué hay de las habilidades sociales y la autorregulación? ¿Puede el abuso de la tecnología perjudicar su desarrollo?

A veces, para comprender el impacto de las nuevas tecnologías, es útil echar la vista atrás y observar cómo hemos adoptado y adaptado tecnologías anteriores, estableciendo paralelismos. Hoy en día, por ejemplo, muy pocas personas debaten si la radio obstaculizó o sobre estimuló las habilidades socio emocionales.

Ahora está ampliamente aceptado que la radio puede ser muy útil para fomentar habilidades cognitivas o socio emocionales; el quid de la cuestión está en los detalles.

En cualquier caso, creo que el tema de la «autorregulación» es relevante. Esta es una habilidad crítica que necesita ser aprendida y desarrollada. No es algo que los niños adquieran por arte de magia. Se desarrolla durante sus interacciones con los demás; es entonces cuando aprenden que necesitan auto regular las emociones, las ideas y los deseos de una manera que les permita coexistir en la sociedad.

¿A qué edad se puede introducir la tecnología y con qué objetivos en mente?

Tras más de 30 años de investigación hemos llegado a la conclusión de que no hay una respuesta simple a esa pregunta. Las tecnologías digitales, por ejemplo, han demostrado ser muy efectivas para transmitir información, facilitar la colaboración y permitir la producción de conocimiento distribuido.

Sin embargo, también hay bastantes estudios que demuestran que la tecnología como mero contenido y sin una intervención pedagógica bien planificada no ofrece resultados particularmente destacables. Nuestra naturaleza es extremadamente social, por lo que cuando las tecnologías digitales facilitan parte de este componente social, el aprendizaje es mucho más efectivo.

En los últimos 10 años de expansión global de las redes sociales hemos comprobado que, como humanos, nos gusta que nuestra comunidad nos reconozca. Bien utilizado, ese componente social puede desempeñar un papel clave al planificar cómo implementar la EdTech (independientemente de la edad).

Muchos padres temen que criar a sus hijos sin pantalas pueda resultar en peores resultados académicos y menos oportunidades en el futuro. ¿Qué les diría?

Yo no creo en las fórmulas mágicas. Por lo general, los puntos de vista extremistas tienden a generar posiciones poco prácticas y en algunos casos consecuencias no deseadas. Hace aproximadamente 10 años, por ejemplo, cuando se introdujeron las tablets, muchas personas estaban entusiasmadas con el hecho de que reemplazaran los libros de texto. «Los niños ya no tendrán que llevar mochilas pesadas con libros», decían. Sin embargo, no creo que los libros de texto impresos hayan sido reemplazados (ni lo serán a corto plazo) por tablets.

Durante los últimos años, los medios han destacado que algunos padres en Silicon Valley envían a sus hijos a escuelas sin tecnología. Del mismo modo, algunos países han debatido o adoptado políticas para restringir el uso de teléfonos móviles en las aulas. Sin embargo, durante la crisis pandémica, una gran cantidad de sistemas educativos en todo el mundo han utilizado en gran medida las tecnologías digitales (por ejemplo, móviles) para proseguir con el aprendizaje.

Como puede ver, en este tema el péndulo oscila constantemente.

Si tuviera la opción, nunca reemplazaría a un buen maestro con tecnología. Pero tenemos una escasez de buenos maestros, particularmente en los entornos más precarios. Teniendo esto en cuenta, una integración efectiva y pedagógicamente sólida de la tecnología puede ayudar a los estudiantes a aprender cuando esos maestros no están disponibles.

En su blog https://www.cristobalcobo.net/ habla de la dataficación de la educación y del impacto de la inteligencia artificial en la educación. ¿Qué riesgos comporta todo ello?

El buen uso de los datos puede ayudarnos a ser más efectivos. No hay duda de que las tecnologías digitales juegan un papel clave aquí. […] Sin embargo, también es importante comprender el riesgo potencial de depender en gran medida de sistemas que utilizan inteligencia artificial o tecnologías similares.

Estos sistemas están construidos en base a algoritmos («opiniones incrustadas en matemáticas», argumenta Cathy O’Neil) que no son necesariamente objetivos. Así, el desafío aquí es que el sistema educativo (por ejemplo, tomadores de decisiones, directores, maestros) ayuden a desarrollar capacidades asociadas (conocimiento de datos) para integrar herramientas como la inteligencia artificial sin perder la perspectiva crítica.

Eso significa comprender que los sistemas de inteligencia artificial pueden tener información incompleta, cometer errores, estar sesgados (por ejemplo, automatizar involuntariamente la desigualdad o la segregación). Es por eso que es tan importante adoptar mecanismos para garantizar que estos sistemas sean justos, transparentes y que se les exijan responsabilidades tanto técnica como éticamente.

En su último libro (Acepto las Condiciones: Usos y Abusos de las Tecnologías Digitales, 2020) usted destaca la importancia de que las escuelas tengan programas diseñados para que los alumnos entiendan cómo se generan los datos en internet, cómo se obtienen y se reutilizan, para poder contra restar el desequilibrio al que está llevando la tecnología hoy en día. ¿Hay algún país que ya esté poniendo en marcha este tipo de políticas?

Yo prefiero considerar el conocimiento de cómo se generan y obtienen los datos como parte de la formación digital y el pensamiento crítico.

Estos desafíos pueden parecer nuevos dado que se trata de nuevas tecnologías, pero no lo son. El método de Sócrates permite a los estudiantes cuestionarse de forma crítica qué ven, leen, escuchan y hacen.

Cualquier buen sistema de educación debería preparar a los estudiantes para plantearse preguntas y pensar de modo crítico, independientemente de la interpretación de la realidad (por ejemplo, verificando si una fuente de noticias es fiable; localizando la fuente de un video fake).

He aquí algunos ejemplos relevantes de este tipo de retos:

Introducción básica a la Inteligencia Artificial (Universidad de Helsinki y Reaktor).
Inteligencia artificial + Currículum Ético para la Enseñanza Media (MIT).
Aprendizaje innovador y educación en la era de la Inteligencia Artificial (MIT).
AI4K12.org (AAAI and CSTA).