Q&A  | 

Nnenna Nwakanma

«Que el 50% de la población utilice Internet quiere decir que el otro 50% no lo utiliza»

Tags: 'Accceso universal' 'Brecha digital' 'Desigualdad'

SHARE

Nnenna Nwakanma es especialista en datos abiertos, software libre y gobierno electrónico. Actualmente es directora interina de políticas de la World Wide Web Foundation, donde trabaja desde 2013 para promover los datos, el gobierno y la web abiertos en África. Nnenna ha impulsado varios proyectos en este continente (Consenso de datos de África, Red de datos abiertos de África, Conferencia de datos abiertos de África y Declaración africana sobre los derechos y libertades de Internet) y ha representado a la Fundación en varios foros internacionales, incluida la Alianza Global de Datos para el Desarrollo Sostenible. En 2016, dirigió TechMousso, el primer proyecto de datos de género de la Fundación, que reunió a las comunidades de datos y tecnología con organizaciones de derechos de las mujeres para abordar los problemas de género en Costa de Marfil. A lo largo de su carrera, Nnenna ha trabajado en estrecha colaboración con muchas organizaciones de la sociedad civil, como el Banco Africano de Desarrollo y el Fondo de Solidaridad Digital, y ha participado en diferentes fases de la Iniciativa de la ONU para la Sociedad Africana en la Era de la Información. Cuenta con más de 15 años de experiencia trabajando con la ONU en áreas como la sociedad de la información, el género y la igualdad digital. En 2018, Nnenna fue elegida por Apolitical como una de las 100 personas más influyentes del mundo en el ámbito del gobierno digital.

¿Cuáles son para usted las áreas más problemáticas cuando se trata de la brecha digital, en términos de ubicación y demografía?

En lo referente a la demografía tiene que ver con el transcurso del mundo en la actualidad. Las disminuciones en Europa y América del Norte pueden suponer aumentos en Asia y África. Por eso, en términos demográficos, los países más grandes de Asia y África serán los próximos mercados del mundo digital.

Sin embargo, sigo pensando que la mayoría de las tecnologías que utilizamos todavía están siendo desarrolladas por hombres blancos de mediana edad en Silicon Valley y el norte de Europa, lo cual seguirá ampliando la brecha social.

La persona que está diseñando la tecnología en San Francisco, que conduce un coche inteligente, que pasa el rato en ciertos lugares, suele ser un hombre de mediana edad, que tiene su propia visión de la vida. Estos hombres blancos de mediana edad están desarrollando tecnología para las mujeres africanas rurales. Estos hombres son personas que nunca han utilizado un inodoro, y que siempre han tenido agua caliente en el baño y una cafetera. No saben recolectar ni saben lo que es caminar dos kilómetros solo para buscar agua potable. Por lo tanto, no comprenden la dinámica diaria de las mujeres de Níger, de Costa de Marfil o de Ghana. En ese sentido, me temo que las tendencias tecnológicas de la actualidad solo demuestran que estamos profundizando la brecha. De hecho, incluso dentro de los países, aún tenemos grandes divisiones digitales entre hombres y mujeres. Entre los jóvenes y los ancianos, entre los que tienen capacidades físicas y los que tienen problemas físicos. Por eso debemos ser muy cuidadosos, de lo contrario, estaremos aumentando la división. No nos veo como un mundo que se comprometa con políticas y diseño inclusivo en la creación de nuestra tecnología.

Dado el rápido ritmo de digitalización que estamos experimentando actualmente, ¿cómo cree que evoluciona la brecha digital para aquellos que se encuentran en los extremos opuestos del espectro?

Fíjese, por ejemplo, en el precio de los teléfonos móviles. Hubo un tiempo en que dijimos: «¡Pronto podremos comprar teléfonos móviles por 20 dólares!» Y esto no ha sido así. Hay teléfonos móviles que se están lanzando al mercado a un precio de mil dólares. Se están creando aplicaciones solo para teléfonos inteligentes, y no debemos olvidar que apenas el 50% de la población mundial tiene acceso a Internet. ¿Qué porcentaje de la población mundial podrá pagar un teléfono móvil de 800 dólares con las capacidades que tenemos?

Lo que sucede es que estamos lanzando productos para las mismas personas de siempre y nos estamos olvidando de los que están en el otro extremo del espectro.

Nos estamos olvidando de aquellos que no tienen acceso a Internet, nos estamos olvidando del 50% que viven en áreas rurales, que tal vez ni siquiera tienen electricidad. Por muy contentos que estemos con los coches eléctricos, ¿qué hay de aquellos que ni siquiera conocen la electricidad? Debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Estamos siendo responsables? ¿Nuestra tecnología está teniendo en cuenta los derechos humanos? ¿Nuestra tecnología es favorable para las mujeres, las personas mayores, y para aquellas personas con discapacidades físicas? ¿Somos respetuosos con la privacidad de los datos? ¿Lo estamos haciendo bien o estamos perjudicándonos con la tecnología? Esos son los principios que Tim Berners-Lee y la World Wide Web Foundation han recopilado en The Contract for the Web. 

Una vez que se proporciona acceso a Internet, ¿cuál es el mayor desafío al que se enfrentan los grupos con pocos recursos?

Es muy fácil pensar: «Ahora que ya tienes conexión a Internet, ya estás bien». Los sistemas generales aún se aplican a la vida. ¿Qué pasa si uno vive en una zona rural de Costa de Marfil y produce café y cacao y usa su teléfono móvil para averiguar el precio del café y el cacao, pero no tiene el poder de cambiarlo? Pues que seguimos estando en las mismas. Es posible que podamos conocer el presupuesto del país, pero no tenemos ningún poder para influir en él y no podemos cuestionarlo. Trabajamos en algo llamado «información de empoderamiento»: no queremos que las personas sean simples consumidores, queremos que usen la conectividad para empoderarse, hacer preguntas y obtener respuestas. ¿De qué sirve que a alguien se le dé la oportunidad de hablar si lo dejan solo en una habitación y le piden que hable, pero nadie lo escucha?

La oportunidad de conectarse es significativa cuando aumenta el bienestar, los derechos, los beneficios y otorga poder para hacer cosas. No queremos conectarnos por conectarnos; queremos una participación significativa, queremos responsabilidad, queremos que nuestros derechos sean protegidos y promovidos, no queremos que nos difamen en Internet.

¿De qué sirve que una mujer finalmente se conecte si después comparte una foto y lo siguiente que ocurre es que la gente dice: «Tu barra de labios es demasiado fuerte», «tu vestido es feo», y la primera vez que publica algo en Internet, todo lo que hacen es criticarla? Lo que hará será marcharse. Muchas mujeres no se conectan a Internet porque no tienen dinero para conectarse. Pero cuando lo tienen, no lo utilizan porque tienen miedo de que las personas las ataquen en Internet, por la violencia. De modo que, si una mujer se conecta y se queja de algo los hombres la atacan y ellas se acaban marchando. Los que se conectan a Internet tienen mejores oportunidades, importantes oportunidades para ellos mismos.

Las desigualdades se acentúan cuando las soluciones tecnológicas no se modifican fácilmente dependiendo del contexto local. ¿Cómo podemos hacer que Internet sea más inclusivo?

En primer lugar, reaccionando. Los gobiernos deben comprender que la conexión a Internet es un derecho de todos los ciudadanos. Su trabajo en la implementación de esta política es muy importante.

Debemos educar a las personas: a aquellos que están creando soluciones, a las mujeres y a todos para que conozcan los peligros y las oportunidades de Internet. Esto es muy importante porque todos tienen un papel que desempeñar, ya se trate del gobierno, la sociedad civil, un usuario individual o una organización privada, todos deben trabajar juntos en ello.

La otra cuestión es bajar el precio. Un principio político sencillo es el «dos por uno». Un GB de datos no debería costar el 2% del salario medio. ¿Sabía que algunas personas deben pagar hasta el 10% de su salario para obtener un GB de datos? Otra cosa importante es el precio de los dispositivos. Normalmente no hablamos sobre eso, pero el impuesto sobre los dispositivos significa que incluso comprar un teléfono supone un problema. Si los teléfonos cuestan entre 200 y 300 dólares, y alguien tiene que ahorrar tres meses de sueldo para comprar un teléfono, es que algo no anda bien.

Debemos hablar sobre leyes, la tecnología por sí sola no resuelve ningún problema, pero las personas sí podemos hacerlo. Si me conecto a Internet para comprar algo, y lo pago y no me llega, ¿qué ocurre? ¿A dónde me dirijo? ¿Cómo debo resolver mi problema? Necesitamos leyes que nos proporcionen un marco seguro para el comercio electrónico, ciberseguridad y protección de datos personales.

Se utilizan nuestros datos para enviarnos publicidad. Si comienzas a buscar información sobre bebés, los algoritmos dan por sentado que estás embarazada y comienzan a enviarte anuncios sobre artículos para bebés. Y lo seguirán haciendo durante los próximos nueve meses porque el algoritmo ha detectado a una mujer embarazada. Es muy importante que se respeten los datos y que, si alguien se conecta a un sitio web e introduce sus datos, no los cogerán y los venderán a otra empresa que a su vez los venderá a otra empresa, etc. Necesitamos un Internet que sea seguro, necesitamos sentirnos seguros en Internet. Si comenzamos a sentir miedo de Internet, ya sea por el mal uso de los datos o por la persecución de los gobiernos, estaremos ante un problema.

 

También debemos hablar sobre los cortes de Internet. Los gobiernos de algunos países todavía cortan Internet. Y alguien como yo, que vive en África occidental y trabaja con personas de todo el mundo, no tendría trabajo si no hubiese Internet. Si cortas Internet, los bancos no pueden hacer su trabajo, no podemos comprar billetes ni vender online. Muchos de nosotros asistimos a clases online, así que cuando Internet se apaga, eso se detiene. Los gobiernos están tratando de encontrar razones para cerrar Internet, y cada vez que esto sucede, se pone de manifiesto la ineficacia de la administración. Tenemos una campaña llamada #keepiton. Hay que mantener Internet encendido porque muchas cosas dependen de él.

La desigualdad de género se extiende al espacio digital. ¿Cuáles son las mayores barreras que impiden la adopción de las TIC entre las mujeres?

Eso es algo que me apasiona. No soy desarrolladora, estudié relaciones internacionales, derecho, lingüística e historia. Así que soy una persona de letras, no soy una persona de tecnología. Pero ¿sabe una cosa? Esa es una de las cosas que las mujeres necesitan escuchar, no es necesario saber cómo codificar para saber de tecnología. Solíamos decirles a las mujeres que debían ser ingenieras, codificadoras o programadoras para tener conocimientos de tecnología. Pero eso no es cierto. Necesitamos personas políticas, ilustradoras, maquilladoras, estilistas, especialistas en marketing. Necesitamos personas que sepan hablar bien, traductoras, lingüistas … todas estas personas tienen un lugar dentro de la tecnología. Si alguna mujer me está oyendo ahora mismo, y dice: «No sé cómo codificar, no soy ningún genio», yo le digo: sé tú misma, te necesitamos tal cual. Necesito que sepas hablar, liderar, probar lo que han hecho las tecnologías. Necesito que traduzcas, que enseñes a los niños, incluso si lo único que sabes hacer son hojas de cálculo y documentos, alguien más podrá beneficiarse de ello.

Cada una de las mujeres tiene su espacio dentro de la tecnología.

¿Sabe qué fue lo primero que hice cuando me conecté? Busqué clubes de fútbol porque me encanta el fútbol. Hay muchas cosas que podemos hacer y aportar a la tecnología: podemos compartir nuestra historia, conectarnos con otras mujeres, hablar con ellas, vender, ¡hay tantas cosas que podemos hacer! Necesitamos más mujeres que utilicen la tecnología.

¿De qué manera podría ayudar en un sentido social, político y económico más amplio a escala global el hecho de aumentar la inclusión digital entre las mujeres?

Cuando digo «Mi nombre es Nnenna y vengo de Internet», es porque la gente me ha ayudado. Las mujeres ayudamos a alentar a otras mujeres, por eso necesitamos mujeres en tecnología, para que sean un ejemplo para otras. Trabajo para la World Wide Web Foundation y realizo la mayor parte de mi trabajo en Internet. Por lo tanto, existen formas de ganarse la vida con Internet. Mi hermana ha creado un negocio y realiza la mayor parte de su trabajo online. Se puede ganar dinero con Internet. Cuando hablamos de las personas más ricas del mundo, ¿dónde están las mujeres? ¿Ha notado que las empresas más ricas son empresas de tecnología? ¿Cuánto de eso va a parar a las mujeres? No mucho. Por lo tanto, necesitamos que las mujeres ocupen estos puestos y obtengan algo de dinero para ellas mismas. No queremos seguir viendo solo hombres como Jeff Bezos, Jack Ma o Mark Zuckerberg. ¿Dónde están las mujeres en la industria tecnológica?

Necesitamos que las mujeres ganen su propio dinero y den poder a otras mujeres. Hay bastantes mujeres que trabajan en la industria de la tecnología y no tienen acceso a las finanzas, porque tampoco hay mujeres en el lugar donde se toman las decisiones financieras.

Nadie puede transmitir tu mensaje mejor tú mismo. Nadie puede hablar sobre las mujeres mejor que las propias mujeres. Necesitamos mujeres en las juntas y en los comités de finanzas, necesitamos mujeres en inversiones y en los jurados. Cuando una mujer habla, las demás mujeres comprenden. Necesitamos mujeres para que ayuden a otras mujeres a mejorar. Pero por favor, chicas, necesitamos formarnos a nosotras mismas. Tenemos que conseguir las habilidades necesarias para poder estar allí donde se toman las decisiones. Lo peor que nos puede pasar como mujeres es que, finalmente, lleguemos a estar en esa posición, acabar decepcionadas y no lograr nada. Así que, por favor, conseguid la experiencia necesaria y estudiad para que, una vez que se presente la oportunidad, sepáis verla y aprovecharla al máximo. Confío en mí misma y en todas las mujeres, porque cuando imaginamos algo, podemos hacerlo. Hagámoslo entonces.